Hay lugares que no se visitan, se sienten.
El Ribeiro es uno de ellos.
Aquí el tiempo va mucho más despacio. Las mañanas huelen a horno de pan de leña, las tardes invitan a pasear sin rumbo y las noches se acompañan mejor con una copa de vino y conversación tranquila.
Si estás buscando qué hacer en el Ribeiro en un fin de semana, te dejo una propuesta sencilla, real y sin prisas. Es la forma en que lo viven muchos de nuestros huéspedes cuando llegan a Gandarela y se permiten, por fin, bajar el ritmo.
Viernes: llegar, respirar y bajar el ritmo
La escapada empieza en el momento en que dejas el coche y escuchas el silencio. No el silencio vacío, sino ese que está lleno de pajaritos, grillos, hojas moviéndose y campanas a lo lejos. Si llegas a las cinco de la tarde escucharás, por ejemplo, las campanas de la iglesia del pueblo vecino, Astariz.
Se trata de la iglesia de Santa María de Astariz, un templo del siglo XVIII integrado en el propio núcleo del pueblo, rodeado de casas de piedra y vida cotidiana. Por fuera es sobria, casi discreta, pero su arquitectura tiene personalidad.
El verdadero tesoro está en su interior, donde se conservan en excelente estado unos valiosos retablos realizados en 1748 por el escultor Salvador Carmona y donados por el conde de Troncoso, gran mecenas de la comarca. Destacan especialmente el relieve de las ánimas y la imagen de San Judas Tadeo, piezas que sorprenden por su delicadeza en un entorno tan sencillo y auténtico. Ahí lo dejo por si quieres acercarte a conocerla.
Una primera tarde perfecta puede ser así:
- Paseo suave (o más intenso, según gustos): delante de la casa Gandarela pasan varias rutas de senderismo, como el Paseo Termal do Miño, la ruta de Cova da Moura o el trazado de la antigua calzada romana, puedes hacerlas siguiendo el enlace de wikilook que aparece en nuestra página web, haciendo click aquí.
- Una copa de vino del Ribeiro en nuestra terraza, con vistas abiertas al río Miño.
- Cena sin reloj, con producto local y conversación pausada, al calor de la chimenea, en invierno y disfrutando de las vistas en terraza en verano. Las puestas de sol, son impresionantes.
No hace falta mucho más. El cuerpo entiende rápido que ha llegado a otro ritmo.
Sábado: termas, Ribadavia y vino con historia
Mañana en las termas
A solo tres minutos caminando desde Gandarela podéis disfrutar de un baño de agua termal en el balneario de Laias, una opción muy cómoda y accesible para empezar a relajarse nada más llegar. Está en contacto con la naturaleza y ofrece un entorno cuidado, con servicios propios de balneario.
Además, a unos quince minutos en coche se encuentran otras zonas termales como Prexigueiro, también en plena naturaleza, pero con una experiencia diferente. Y aquí suele surgir una duda habitual, así que lo explico de forma sencilla:
- Un balneario es un espacio termal más estructurado, con instalaciones, horarios, servicios y tratamientos organizados (masajes, circuitos, terapias, etc.).
- Una terma al aire libre suele ofrecer una experiencia más natural y directa con el entorno: pozas entre bosques y mayor sensación de conexión con el paisaje.
Ambas opciones son complementarias y muy recomendables; simplemente ofrecen formas distintas de disfrutar del agua termal.
Yo siempre recomiendo especialmente las termas de Prexigueiro, situadas en un entorno natural rodeado de bosque y con un antiguo edificio restaurado que hoy acoge las instalaciones: duchas, taquillas y vestuarios, todo cuidado y funcional.
Prexigueiro cuenta con:
- Un circuito termal al aire libre de cinco pozas de agua caliente, conocido como Kumano Kodo, en homenaje al famoso camino de peregrinación japonés. Cada poza o rotenburo lleva el nombre de uno de sus templos.
- Dos pozas de agua fría, perfectas para hacer contraste.
- Zona de spa interior.
- Área de tratamientos de bienestar dentro del edificio: hidromasaje, vinoterapia, chocolaterapia, tratamientos con algas, entre otros cuidados.
Se trata además de agua termal minero-medicinal, reconocida por sus propiedades beneficiosas para la piel, la circulación y la relajación muscular.
Un detalle práctico: no funciona con cita previa. Se llega, se coge número y, según el día, puede haber esperas de hasta dos horas. Mi consejo es sencillo: coged número, preguntad el tiempo aproximado de espera y aprovechad para dar un paseo por la zona antes de volver. Así la espera se hace mucho más llevadera.
Y si además te toca un día de lluvia, es casi un regalo: sentir el agua fría caer sobre la piel mientras estás sumergido en agua termal a casi 38 °C es una sensación difícil de olvidar. Quien lo prueba, suele querer repetir.
Paseo por Ribadavia
Ribadavia conserva ese encanto de villa histórica que no se ha disfrazado para el turismo. Su barrio judío, sus plazas tranquilas y sus pequeñas calles invitan a caminar sin mapa.
Un paseo recomendable puede comenzar en la Plaza Mayor, donde se encuentran el Palacio de los Condes, la Torre del Ayuntamiento y los soportales que reflejan la riqueza de la villa en el siglo XVI. Desde ahí se entra en el antiguo barrio judío, recorriendo calles cargadas de historia y edificios singulares.
En el camino aparecen joyas como las iglesias románicas de Santiago y San Juan, pequeñas plazas como la de la Magdalena o García Boente, la Casa de la Inquisición con su fachada tan característica o los tramos de muralla con vistas al río Avia.
Uno de los miradores más bonitos es el Puente de San Francisco, junto al convento franciscano. Y, al sur de la villa, el Castillo de los Sarmiento y el conjunto formado por la iglesia del Portal y el convento gótico de Santo Domingo completan un recorrido lleno de carácter.
Después de una larga visita, sentarte en una terraza, mirar alrededor y no tener prisa se convierte aquí en un plan en sí mismo. Algunos me dicen que es una villa tranquila donde no se ve un alma; otros, que es un lugar con un alma especial. Y quizá ambas cosas sean ciertas.
Para cerrar la tarde, una copa de Ribeiro acompañada de la repostería tradicional de la villa, un dulce hebreo: un placer sencillo, pero muy difícil de superar.
Domingo: desayunos largos y despedidas lentas
Los domingos aquí no empiezan con despertador. Empiezan con la luz entrando por la ventana, desayunos hogareños y esa sensación de que el cuerpo ha descansado más de lo habitual.
Antes de volver a casa, aún hay tiempo para un último plan especial: a apenas diez minutos en coche se encuentra el Castro de San Cibrao de Las, considerado el mayor castro excavado de Galicia. Se puede visitar de forma gratuita y cuenta con un centro de interpretación sobre la cultura castreña. Si tenéis ocasión de hacer la visita guiada, merece especialmente la pena: los arqueólogos explican la historia de una forma tan cercana que te atrapa.
Muy cerca se encuentra también el Monte de San Trocado, con su pequeña capilla y una de las vistas más bonitas sobre el valle del Miño y el Ribeiro. Un lugar perfecto para despedirse del paisaje con calma.
Porque quien descubre el Ribeiro así, sin prisas, suele repetir.
Dónde alojarse en el Ribeiro
En nuestro caso, Gandarela nació precisamente para eso: ofrecer un lugar pequeño, con historia, donde el descanso es una sensación que aparece al poco de llegar.
Elegir bien dónde dormir marca toda la experiencia. No se trata solo de una habitación, sino de un lugar donde te sientas cómodo, acogido y en paz.
Las casas rurales pequeñas, con historia, trato cercano y entorno natural son las que permiten vivir esta zona como realmente es.
A veces, el verdadero lujo está en dormir sin ruidos, desayunar con productos caseros y sentir que nadie te empuja a consumir experiencias prefabricadas.
En Gandarela, además, contamos con bodega propia, y creemos que la mejor forma de conocer nuestros vinos, nuestra tierra y nuestra forma de vida es el trato directo, la conversación tranquila y la experiencia compartida.
Gracias de corazón a todas las personas que ya nos habéis visitado y que dejáis vuestros comentarios: nos animan a seguir cuidando cada detalle. Y a quienes habéis señalado aspectos mejorables, sabed que trabajamos cada día para seguir creciendo y ofreciendo una experiencia cada vez mejor.
Si estás pensando en una escapada por el Ribeiro, quizá este sea un buen momento para descubrirlo con calma.
En Gandarela Turismo Rural te esperamos. Estaremos encantados de recibirte.
